el autor ha compartido este texto y veo conveniente compartirlo y posteriormente comentarlo.
_________________________________________ He aquí:
Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. En estos días me han sorprendido los comentarios de quienes siguen defendiendo los disparates de Peña Nieto en la FIL de Guadalajara. Buscan restarle importancia a lo ocurrido diciendo que a cualquiera le pasa y que además ¿Para qué necesita un presidente haber leído?
A quienes piensan así me gustaría recomendarles que volvieran a ver el video del político en la ya tristemente famosa conferencia de prensa. El principal problema no es que Peña no haya podido recordar el nombre de tres libros. El asunto es que ante una pregunta inocente, el político lerdo no haya sido capaz de articular una respuesta pensante. Dice cosas como “he leído telenovelas…” y “éste, de este autor… a ver tú que eres el de los libros, ayúdame…”. Un político medianamente inteligente habría encontrado recursos para no quedar en ridículo, se habría salido por la tangente, pero éste, ante una pregunta tan sencilla quedó exhibido como un tipo superficial, sin ideas, sin mucho raciocinio.
Y esto es precisamente lo que me interesa resaltar. Mientras sigamos pensando que la lectura es una cuestión de “cultura general” para tener “pláticas interesantes” o bien, que “ayuda a mejorar la ortografía y la redacción”, estamos perdidos como Nación.
Quien haya estado en Buenos Aires sabe que incluso los taxistas (no desprecio la profesión pero digo “incluso” pensando en la comparación con nuestros taxistas mexicanos) han leído bastante. Uno puede hablar con ellos de prácticamente cualquier cosa con inteligencia: política, historia, literatura etc. Eso, entre otras cosas, ha permitido que el pueblo argentino se haya solidarizado en movimientos sociales y de demanda ante sus malos gobiernos (como la llamada revolución del cacerolazo). A nosotros nos podrán parecer arrogantes pero, en su mayoría, son personas instruidas y sobre todo, no son ignorantes ni manipulables.
Revoluciones sociales, pacíficas y ciudadanas también han ocurrido en países como Finlandia, República Checa, Portugal, etc. y nos seguimos preguntando ¿por qué no podemos ser como los europeos? Quien crea que la diferencia entre primer y tercer mundo es una cuestión de dinero, piénselo dos veces: ahí está Estados Unidos nación rica y poderosa cuyos ciudadanos son altamente ignorantes y manipulables. El promedio de lectura en Estados Unidos es muy similar al de México, y ni entre los dos sumados (con todo y su avasalladora superioridad demográfica) superan a algunos de los países de la Unión Europea por separado.
La diferencia, sin duda, es la educación. Este país es educado por las telenovelas. Leer un libro, a diferencia de ver una película o una telenovela, nos obliga a pensar, a formarnos un criterio propio a tener un raciocinio crítico. Leer es ponerse frente a un espejo. La gente que dice “leer me parece aburrido” refleja en el acto de la lectura su propio intelecto aburrido.
Los sociólogos han acuñado un término: analfabetismo funcional. México está llenó de personas en esta categoría. Son profesionistas, muchos de ellos titulados, son gente con buenos trabajos, con dinero, incluso, pero, al fin y al cabo, analfabetas. Saben leer (es un decir) pero son incapaces de hacer una lectura crítica de un texto. Por eso prefieren, nueve de cada diez veces, prender la televisión o navegar en Internet y no ponerse a leer un libro o un periódico. Por eso fueron, han sido y seguirán siendo manipulados por la televisión y sus intereses mezquinos.
No sé si Peña vaya a ganar las elecciones del 2012. Gane o no, este país no va a cambiar para bien hasta que su gente no modifique su manera de ver el mundo, no corrija su falta de compromiso consigo misma y con su propio país. Hasta ahora ¿Quién se ha dado a la tarea de investigar realmente a los candidatos presidenciales? ¿Quién sabe, y no por los chismes de Loret de Mola, si hicieron bien su trabajo los años que gobernaron un Estado o una Secretaría? La información está ahí, los libros están ahí, pero como dice la publicidad de Ghandi:Nadien leen.
Los políticos saben que esta elección se pasará como una telenovela y los dados ya están cargados: Peña Nieto interpreta al galán, Josefina a la mamá luchona. López Obrador es caso perdido: no sólo es moreno indio (no bronceado como sus contrincantes) sino que al hablar se come las eses.
Carlos Oswaldo Hernández Trujillo
Un ciudadano sin partido harto de los políticos de México pero sobre todo de la ignorancia y complacencia de su gente.
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