sábado, 31 de diciembre de 2011

once

agradezco al 2011 por haber traído tantos patos, aves y perros a mis días… por los viajes más increíbles que he realizado en toda mi vida (hasta el día de hoy), por todo ese aire puro respirado, por tanta agua, por tanta vegetación, por tantos idiomas diferentes y sabores nuevos, por la compañía cuando la necesité y la soledad cuando debía tenerla. Por las palabras que se quedaron, por las que volvieron, por los nuevos libros y los de siempre, por los que no pude tener. Por la nueva gente, por la que siempre ha estado. Por conservar a mi familia. Por las oportunidades, las que tomé y las que dejé ir.

Deseo que el siguiente año sea increíble para todos y si el destino me trae un 2012 mejor que el 11… no podría imaginar qué sería eso, pero espero que así sea, espero tener la capacidad de sorprenderme más y que para todos sea el venidero mejor y más hermoso que el once.

Hagan todas sus brujerías de fin de año!! velas, semillas, piedras, pero lo más importante, los deseos sinceros.

Gracias a todos los involucrados.

Merci à tous les amis que j'ai connu en 2011, bonne année 2012. Bisous.

Thanks to all my new friends and happy new year!!

Gleðilegt nýtt ár !!


__________________________
foto: archivo personal. Aves en el Tjörnin, 2011.

lunes, 26 de diciembre de 2011

año nuevo

Ella había imaginado su regreso. Prepararía la escena, prepararía el futuro. Esa mañana había encontrado una nuez de la India entre las almendras, lo tomó como un buen augurio y tomó la decisión. Lo primero fue escribir un correo electrónico, ella creía que era mejor algo breve, casi como un telegrama, pero no lo logró, demasiadas preguntas, nada concreto "Hola, ¿cómo has estado?, te escribo rápido. Sabes, he pensado, a tu regreso podemos ir al billar, nunca aprendí a jugar bien, pero se me antoja el ambiente, y si no mal recuerdo a ti te gusta ¿no?. O mejor podríamos ir al cine, ¿recuerdas la película sobre la que hablamos la última vez? se estrena acá, me encantaría ir contigo. ¿Pasaste buenas fiestas? Acá todos bien. ¿Qué más has hecho? Te extraño mucho, ansío tu regreso. Besos". Aún así, lo envió.
Después, elegiría su atuendo y su diálogo. ¿Falda azul o pantalón verde? ¿Le diría la frase "necesito saber si estás realmente involucrado en nuestra relación"? Sonaba muy ensayada y autoritaria. ¿Antes de eso, dejaría que pasara algo o llegaría directo con la abrumadora charla?. ¿El suéter rosa, o el gris? depende de la falda, ah! pero no sabía si sería pantalón. Eso sí, los tacones grises. ¿Tacones? Pero ¿no era eso un poco extraño, dar el gran discurso al tiempo que se sostenía en 15 centímetros abajo de cada talón? Lo haría sentada. Pero ¿si él se decidía por el billar? Mejor zapatos bajos. Esos color miel tan cómodos, pero no le iban bien a la falda azul. ¿Y si él sentía lo contrario? ¿o no sentía nada al respecto?, pero tanto tiempo y ¿no sentía nada?, era poco probable. Ya era momento de tener respuestas, la gente toma este tipo de decisiones en año nuevo. Ella podría hacerlo también, es el ambiente, en el aire flotan los deseos y los planes a futuro. ¿Debería escribir el diálogo? ¿Ensayarlo? ¿Con medias la falda?…
Las dudas empezaron a crecer en su interior. ¿Estaba ella segura de estar involucrada en dicha relación? ¿Qué relación?. No apresuró la respuesta. Se dijo "Espera, será año nuevo, me puedo reinventar, hacerme ilusiones". La gente lo decía, parecía creerlo, la fecha era para eso ¿o no?. ¿Y si él se sentía presionado?. Mejor no, mejor dejar que las cosas tomaran su propio curso. Pero ya había enviado el correo, y le iba pareciendo que ya lo presionaba, y sin embargo, lo dudaba al mismo tiempo.
Lo siguiente fue arrepentirse, hundirse en el peor de los ánimos y en la más grande bolsa de malvaviscos gigantes que encontró en el supermercado. Se sentía tan confundida que se comió primero todos los malvaviscos rosas, para no ver el paliducho tono, para tragarse con ellos la cursilería. La bolsa se quedó con los malvaviscos blancos. Le recordaban las fogatas de la infancia, recordó otros fines de año. En eso estaba, recapitulando otros fines de año, y recordó varios intentos de cambio. Si a caso había hecho algo para modificar su vida no estaba ligado por fuerza al final del año. Ya no veía la asociación con claridad. No esa noche, noche de empacho. Saldría a caminar. También había pensado en reanudar sus rutinas de carrera matutina ¿por qué no iniciar con una caminata nocturna? Una acción previa al año nuevo, se sentía animada, comprometida, en el mejor sentido de la palabra.
Tomó una chamarra, aunque no hacía tanto frío, el viento soplaba. Tomó las llaves. Ya era tarde. ¿Y si le pasaba algo?. La calle lucía muy solitaria y en los periódicos sólo se hablaba del peligro de la época decembrina. Las dudas de nuevo. Sintió frío en las manos. Mejor tomaba un café, los vecinos habían hecho café horas antes y el olor se había colado en la casa. Aunque el café no va con malvaviscos… mejor un chocolate con leche.
Y así fue, los propósitos de una nueva vida, de rutinas saludables, las aparentes decisiones tomadas, el diálogo planeado y hasta el atuendo ideal, se fueron derritiendo conforme crecía la madrugada, así como los malvaviscos en la taza con chocolate caliente. Al fin y al cabo, el regreso del susodicho era algo que mes con mes, durante ese año, se había pospuesto, ni el mismísimo inicio de otro año, símbolo inequívoco del nuevo comienzo, podría asegurar que este mes sí, él regresaría.

__________________________________________

lunes, 19 de diciembre de 2011

un viernes cualquiera

Desperté, desayuné, trabajé. 
Decidí hacer una pausa en mi labor para dirigirme a unas oficinas. Las oficinas del IFAL, debía ir por mis resultados del DELF niveau B2, el examen que certifica mis conocimientos de francés.
Así es, me fui a Francia sin certificar el idioma, por el tipo de beca que tuve, bastó con mostrar mis constancias del CELE de haber pasado por todos los niveles.
Una puede estudiar años un idioma y no poder vivir en él jamás, no soñar en ese idioma, se puede pensar, pero, según la teoría de un francófono, si no sueñas en un idioma ajeno no ha sido tuyo… en fin que, para esa beca nadie me preguntó si soñaba en francés, ni siquiera si ya había logrado pensar en francés… eso, no necesité la certificación. 
Ya ni qué decir de la lengua propia, tantos años de habla, de uso, y sigo tan ignorante de ella. Pero eso es otra historia.
En fin, fue hasta que volví que hice el examen, así que debía visitar el IFAL para obtener mis resultados, no estuvieron mal, no fue perfecto, pero fue más que regular, diría bien, algunos, menos exigentes, dirían muy bien.
Salí del lugar y me crucé con una heladería (deberían darme regalías o helados gratis por el comercial/foto), compré un helado, no había de mi sabor favorito (de esa marca), cereza, ya casi un clásico, popular para la firma desde 1964... compré mi segundo sabor favorito, sandía (aunque muy artificial, muy verde y muy rosa), para "felicitarme" por haber obtenido un resultado aceptable.
Me deprimen ese tipo de lugares, es decir, las franquicias, así que salí y caminé comiendo mi helado, tenía ganas de decirle a la mujer de la caja "me compro este helado porque tuve una buena nota" como niña  pequeña con estrellita en la frente… patética.
Caminé. Disolvía mi helado entre la lengua y el paladar. Helado con exceso de colorante. Seguramente mi lengua era verdosa, medio morada. Llegué hasta la glorieta del metro Insurgentes. Aún tenía helado. Observé el entorno. Elegí una orillita de jardinera. Me senté. Seguí comiendo mi helado. Sabor artificial, mucho dulce, bien. Entendí el sentido de la frase tan de moda "forever alone". Rogué en mi pensamiento que me hicieran una de esas encuestas de calle, quería hablar con alguien, no quería terminar sola mi helado. Nada.
Se sentó junto a mí un tipo. No. Quería hablar con alguien pero no con él.  Noté que me veía. Disimulé. Evadí y evité. Comencé a ver que mucha gente platicaba espontáneamente. Me incomodé. Él se había sentado muy cerca, mucho para ser un desconocido, es decir, no estaba realmente cerca, no me tocaba, ni siquiera escuchaba su respiración, ni podía oler su humor, nada, pero sí sentía incómodamente su presencia y lograba ver por la comisura de mi ojo izquierdo, que se movía, se hacía hacia adelante, se acomodaba, movía un pie, nada natural, muy adrede. Terminé mi helado de un bocado y me levanté. Desistí de mi idea, no quería que nadie, en ese lugar, me hablara.
Confieso que una de las primeras coas que hice al tener una computadora cerca, fue poner como estatus de facebook mi resultado del examen, necesitaba decirlo. Pero no, no fue suficiente, necesitaba verbalizarlo, platicarlo, compartirlo.
Soy un ser solitario, está bien. Siempre lo he sido. Pero saber que existen dos o tres personas que podrían ser cómplices de mi vida me hace añorar la correspondencia. Es todo.
Fue un viernes cualquiera, uno de esos en los que salgo a algún asunto, decido hacer una pausa y me da sed de complicidad. Luego camino lo suficiente para decirme que lo mío es ésto, así, lanzando botellas con mensajes al mar, sin destinatario, porque me sé sola, y me conozco así. Y por más ganas de compartir que tenga, sé que para mí y hasta para mi gente cercana, funciono mejor en solitario. Y me gusta. Me gusto.
Sólo que hay viernes de buenas noticias, viernes no tan "cualquiera", en los que pienso en eso de compartir de otra manera. Compartir: recuerdo, a él le di el regalo más hermoso del mundo, lo hice con mis manos, a aquél le escribí unos "versos" y a aquél otro le regalé mis dudas, meros ejemplos, podría dar más. El punto es: Compartir importa. Me importa. Es grato.
Y sí, comparto con mis amigas, mi familia, es muy importante, pero a veces saber que a tan sólo una llamada está alguien, siempre, a quién darle las buenas noticias o el saludo del día… a veces, saber eso funciona, no sé ni para qué, sólo para no acabarme la felicidad y el helado yo sola.
____________________________
fuente foto : http://www.baskinrobbins.com/Nutrition/product.aspx?Category=Ice%20Cream&id=0410