lunes 19 de diciembre de 2011

un viernes cualquiera

Desperté, desayuné, trabajé. 
Decidí hacer una pausa en mi labor para dirigirme a unas oficinas. Las oficinas del IFAL, debía ir por mis resultados del DELF niveau B2, el examen que certifica mis conocimientos de francés.
Así es, me fui a Francia sin certificar el idioma, por el tipo de beca que tuve, bastó con mostrar mis constancias del CELE de haber pasado por todos los niveles.
Una puede estudiar años un idioma y no poder vivir en él jamás, no soñar en ese idioma, se puede pensar, pero, según la teoría de un francófono, si no sueñas en un idioma ajeno no ha sido tuyo… en fin que, para esa beca nadie me preguntó si soñaba en francés, ni siquiera si ya había logrado pensar en francés… eso, no necesité la certificación. 
Ya ni qué decir de la lengua propia, tantos años de habla, de uso, y sigo tan ignorante de ella. Pero eso es otra historia.
En fin, fue hasta que volví que hice el examen, así que debía visitar el IFAL para obtener mis resultados, no estuvieron mal, no fue perfecto, pero fue más que regular, diría bien, algunos, menos exigentes, dirían muy bien.
Salí del lugar y me crucé con una heladería (deberían darme regalías o helados gratis por el comercial/foto), compré un helado, no había de mi sabor favorito (de esa marca), cereza, ya casi un clásico, popular para la firma desde 1964... compré mi segundo sabor favorito, sandía (aunque muy artificial, muy verde y muy rosa), para "felicitarme" por haber obtenido un resultado aceptable.
Me deprimen ese tipo de lugares, es decir, las franquicias, así que salí y caminé comiendo mi helado, tenía ganas de decirle a la mujer de la caja "me compro este helado porque tuve una buena nota" como niña  pequeña con estrellita en la frente… patética.
Caminé. Disolvía mi helado entre la lengua y el paladar. Helado con exceso de colorante. Seguramente mi lengua era verdosa, medio morada. Llegué hasta la glorieta del metro Insurgentes. Aún tenía helado. Observé el entorno. Elegí una orillita de jardinera. Me senté. Seguí comiendo mi helado. Sabor artificial, mucho dulce, bien. Entendí el sentido de la frase tan de moda "forever alone". Rogué en mi pensamiento que me hicieran una de esas encuestas de calle, quería hablar con alguien, no quería terminar sola mi helado. Nada.
Se sentó junto a mí un tipo. No. Quería hablar con alguien pero no con él.  Noté que me veía. Disimulé. Evadí y evité. Comencé a ver que mucha gente platicaba espontáneamente. Me incomodé. Él se había sentado muy cerca, mucho para ser un desconocido, es decir, no estaba realmente cerca, no me tocaba, ni siquiera escuchaba su respiración, ni podía oler su humor, nada, pero sí sentía incómodamente su presencia y lograba ver por la comisura de mi ojo izquierdo, que se movía, se hacía hacia adelante, se acomodaba, movía un pie, nada natural, muy adrede. Terminé mi helado de un bocado y me levanté. Desistí de mi idea, no quería que nadie, en ese lugar, me hablara.
Confieso que una de las primeras coas que hice al tener una computadora cerca, fue poner como estatus de facebook mi resultado del examen, necesitaba decirlo. Pero no, no fue suficiente, necesitaba verbalizarlo, platicarlo, compartirlo.
Soy un ser solitario, está bien. Siempre lo he sido. Pero saber que existen dos o tres personas que podrían ser cómplices de mi vida me hace añorar la correspondencia. Es todo.
Fue un viernes cualquiera, uno de esos en los que salgo a algún asunto, decido hacer una pausa y me da sed de complicidad. Luego camino lo suficiente para decirme que lo mío es ésto, así, lanzando botellas con mensajes al mar, sin destinatario, porque me sé sola, y me conozco así. Y por más ganas de compartir que tenga, sé que para mí y hasta para mi gente cercana, funciono mejor en solitario. Y me gusta. Me gusto.
Sólo que hay viernes de buenas noticias, viernes no tan "cualquiera", en los que pienso en eso de compartir de otra manera. Compartir: recuerdo, a él le di el regalo más hermoso del mundo, lo hice con mis manos, a aquél le escribí unos "versos" y a aquél otro le regalé mis dudas, meros ejemplos, podría dar más. El punto es: Compartir importa. Me importa. Es grato.
Y sí, comparto con mis amigas, mi familia, es muy importante, pero a veces saber que a tan sólo una llamada está alguien, siempre, a quién darle las buenas noticias o el saludo del día… a veces, saber eso funciona, no sé ni para qué, sólo para no acabarme la felicidad y el helado yo sola.
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fuente foto : http://www.baskinrobbins.com/Nutrition/product.aspx?Category=Ice%20Cream&id=0410

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