Crucé la línea primavera-verano lejos, lo más lejos que he estado, en lo que va de mi vida, de mis terruños. Los que me han mandado alguna vez a la chingada, gracias! sí, ya fui, como se dice en mi ciudad "hasta casa de la chingada!".
Aunque la lejanía siempre resulte relativa...
La isla.

Desde la ciudad capital de la isla se puede vislumbrar, al fondo del horizonte marino, una de las ciudades más nórdicas de la isla. El aire es más limpio que en ninguna ciudad del mundo y sobrepasa en mucho a "la región más transparente"...
El agua es muy fresca aunque salga directa de los tubos.
La gente sonríe, es un lugar muy tranquilo, en general la gente te recibe muy bien. Aunque un exceso en dicha tranquilidad puede exasperar a cualquiera que esté en medio de algún asunto delicado... como llegar a tiempo al aeropuerto...
Los patos nadan en el mar y los lácteos no me hacen daño.
Es la primera vez que de verdad no entiendo absolutamente nada de lo que la gente dice y que soy incapaz de leer muchos letreros en la calle, ahora sí sentí lo que decía Barthes del bullicio del lenguaje, de la ciudad que te recibe cuando no conoces su lengua. Es un ruido armónico, una cobija de sonido, un espacio para borrar la propia lengua...
Y en un camión camino a algún lugar, me sentí de verdad lejos, más que nunca, en medio de no sé dónde, y en medio del no sé dónde del lenguaje... el naufragio de los sentidos y las nociones de re-conocimiento.
La estación.
El verano es mi estación más detestada del año. Hace calor. Y aunque llueve, es de manera irregular, lo que hace o que se alborote el calor o que se inunde parte de la ciudad (la mía).
Sin embargo inicié el verano en pleno sol, pero a una temperatura de catorce grados máximo, el verano más lindo para mí.
No tengo palabras para describir los paisajes que he visto y los bellos cambios de luz durante el día que no termina. Sin mencionar el efecto físico, metabólico, que implica la ausencia de noche; si el verdadero invierno me estaba volviendo loca, el verano eterno, aunque de temperatura casi fría, me daba energía para casi no necesitar dormir, indescriptible, y eso que llevaba vida de senderismo y acampada.
Verano sí.
Pero el verano no termina, y antes de empacar para volver a mi ciudad, he vuelto a mi casa.
Fui a conocer los últimos lugares que no pertenecen a esta ciudad pero no están lejos, un castillo, porque de esos no ve una todos los días y más jardines, jardines de pintores, jardines con más patos.
Antes de todo eso, antes del verano, fui a Monumenta, en el grand palais, Anish Kapoor hizo una de las piezas más impactantes que he vivido, su trabajo de galería está bien, me gustó, aunque ahí sí creo que ya se sabe "el truco", pero, la pieza para monumenta hace honor al nombre del evento... e insisto, un poco más de capacidad de sorpresa e inocencia es lo que hace falta. Es bueno que este tipo de cosas se hagan para sorprender hasta al más incrédulo, al más analítico. Lo malo es que no lo ve todo el mundo. Todo el mundo debería poder ver Monumenta. Y si fuésemos capaces de cuidar al mundo, todos deberíamos de poder tener el aire más limpio... en fin, esa es otra historia.
Volviendo al verano:
Hace calor, lo detesto. Mi piel que estaba por lo menos de un tono parejo, ya está de colores, como de costumbre e irritada por el sol, acá el sol parece no quemar, pero al volver a casa noto el cambio de color de la piel expuesta a él. Bloqueador indispensable.
A veces estoy de mal humor por el intenso calor, menos mal mi casa es fresca.
Confirmado, mis estaciones favoritas son el otoño, luego la primavera, y el verano de la chingada...
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fuente foto: Patos en el mar. Muy, muy al norte del Atlántico, 2011. Archivo personal
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