jueves, 28 de abril de 2011

provisional.

(De provisión)
1.adj. Que se hace, se halla o se tiene temporalmente.
(últimamente sólo es fuente la RAE en línea)

"Sabemos todo, nos han dado toda la información, pero no nos han explicado nada. No puede explicarse. Creo que ésta es la única razón para dedicarse al arte, mostrar el absoluto misterio de las cosas.”
John Banville, citado por Vila-Matas.

"Ahora debo perderme por esa calle en la que me transformaré en otro"

Tuve una educación que podría catalogar como una de tipo promedio, popular, como la de la mayoría de los defeños, en escuelas públicas, con fines de semana de "día de campo" en el "Popo"y vacaciones en Ciudad Satélite con las primas, con alberca inflable y columpio en el jardín...
Es verdad que una parte de mi familia no era como la promedio y por eso la primera vez que fui a ver Aida (la ópera de Verdi... no a Aida Cuevas... como me diría cierta persona jajaja) al Palacio de Bellas Artes fue cuando tenía seis años. Y si no era día de campo, era museo citadino.
Pero ningún viso de ostento ni presunción intelectual, para nada, al contrario, otra parte de mi familia estaba poco interesada en ello.
En fin, lo "normal", creo yo. O al menos creo que debería ser "lo normal", el mínimo de "dosis cultural" que se otorgue a todo niño. Sé que eso no es una realidad general, pero yo la tuve, y creo que sería justo que todos la tengan... a caso no justo, pero sí bueno, pues luego, al crecer, tienes otra manera de mirar el mundo, una en donde el mundo puede sorprenderte más, no sé... en fin que, esto va para otro lado.
Era para aclarar el contexto y decir que, cuando una va a una primaria pública utilizando zapatos ortopédicos y contando que asiste a la ópera... por más vestidos de princesa que use el domigno para ir a ver a Coppelia o para visitar el MUNAL, nadie la salva entre semana de ser la burla de los otros infantes. No sé si a eso se deba mi carácter o simplemente sea heredado, pero a lo que voy es que, tampoco me importaba mucho que los otros niños no lo entendieran, bueno no todos, estaban Lorena y JuanJo, que creo que tuvieron una infancia parecida.
Creo que la razón de ignorar a los niños que me molestaban o lograr que no lo hicieran nunca más, fue que mis padres se esmeraron en darme junto a los zapatos ortopédicos, un uniforme hecho a la medida del algodón más suave, una "lonchera" metálica de moda y una burbuja, una deliciosa y plácida burbuja.
Así es, en mi vida la estabilidad existía, aunque tenía un recubrimiento de una rigidez exacerbada y una moral de la época de los veintes... la burbuja fresca y soleada, suave y cómoda, llena de salud, comida y paseos me aseguró dormir tranquila durante varios años, pensar que eso era así, no había duda, no imaginaba que pudiera ser diferente, nada podía pasar la burbuja, la burbuja era para mí, me pertenecía y yo pertenecía a ella.
La estabilidad era eterna.
No importa lo osada que fuera en la adolescencia, había encontrado la permeabilidad de la burbuja, temeraria sí, pues me "salí" de la burbuja, pero sabiendo que podía volver.
Nadie me dijo de la existencia de lo efímero ni me enseñó lo provisional.
Cuando se murió "tugui", mi tortuga, no la enterramos, guardamos su cadáver en una caja llena de arena, ella seguía con nosotros, no murió. Una vez tuve un pollito, y cuando creció mucho se lo regalaron a la vecina de mi abuela, me dijeron que iba a ser más feliz ahí; cuando iba a casa de mi abuela y escuchaba algún gallo, yo creía que era mi pollito. Hoy sé que esa señora seguramente lo hizo caldo de gallina...
La primera muerte de la cual tengo conciencia fue la de mi abuelo, yo ya estaba en la secundaria. Creo que sigo sin entender que ha muerto, o hasta hace poco empecé a entenderlo. No quiero hablar más de esa ni de otras muertes humanas.
Dharma, mi hermosa Weimaraner, murió a la corta edad de seis meses. Viajé en el asiento trasero del auto junto a su cuerpo tibio camino al lugar de cremación. De vuelta a casa lloré inconsolablemente, lloramos, no hablamos nada en el camino, sólo lloramos. Aún recuerdo el olor de mi perrita, sus ojos de loca y su suave pelaje gris. Su olor de cachorrita. En ese momento de la vida había ya empezado a dar el primer paso contundente sin burbuja, empezaba a saborear la incertidumbre y lo que cesa, lo que puede terminar, lo inestable. El camión de súbito sobre el cuerpo de mi perra, yo no lo vi, pero sigo temiendo su peso, su masa, sus placas.
Si usted es un lector regular de este espacio, sabrá que recito como mantra "estoy enferma de adioses", he despedido a mucha gente, que se va y no vuelve, a otra que se va y al volver es diferente. Nadie me dijo que la gente se iba, porque nunca nadie se fue antes, la burbuja estaba muy consolidada y rodeada de la gente que la cuidaba, la mantenía confortable y vigilada...
Tampoco nadie me había prevenido que otro tipo de cosas se terminan o no son para siempre, que tienen un ciclo, que pertenecen a un tiempo que debe terminar para dar paso a otra cosa, o simplemente para terminar.
Mis protectores de la burbuja hubiesen querido que nunca tuviera tanta curiosidad, pero me dieron el mágico alimento de la ópera, los libros y esas cosas, que terminan por enseñarnos a romper la burbuja. Oh, ingenua! Rompiste la burbuja y te enfrentaste a la marea de lo provisional.
Si me hubiera quedado en la burbuja hubiera estudiado algo burbujil y tenido un estable trabajo burbujesco. La estabilidad me acompañaría.
No me levantaría en medio de una ciudad desconocida, sola, preguntándome qué sigue en la vida, en mi vida. "Déjate llevar..."
qué fácil se dice cuando no se ha vivido en la burbuja durante años, hasta en la burbuja de las amistades, que te cuidan porque saben que eres niña de burbuja, princesa, consentida, hasta caprichosa, pero terriblemente sin malicia (hasta que rompiste la burbuja y no quedó de otra que afilar uñas y colmillos, dolorosamente porque no eran ni dientes ni uñas tiernas, igual casi no los uso, duele usarlos, prefiero usar la habilidad de prevenir, de ver bien, la capacidad de observación que la burbuja me permitió desarrollar).
Estoy loca de burbuja, loca del orden porque en un espacio reducido es muy fácil acomodar cada cosa, loca de la agenda porque la burbuja es un gran medio de transporte y en sus transparentes paredes una anota las citas y siempre llega cuando debe, loca de transparencia y de que los demás sean transparentes porque si haces turbia la visión en la burbuja te lastimas, la transparencia es vital.
Loca de la ausencia de burbuja, es cierto. La inestabilidad, la indisciplina y la falta de rigor me dispersan y me hacen lánguida. Día a día me intento construir mi propia nueva burbuja porque extraño la otra, aunque no todos los días lo logro.
Sin embargo, he conocido el gusto fuerte y a veces adictivo de lo provisional, a veces amargo. Lo provisional me ha tirado en cama días enteros de tristeza e incertidumbre, sin duda.
Lo provisional es una quincena de jornadas de trabajo sin dormir, en medio de tres meses sin empleo, pero que bien puedes mantener con aquella quincena. Lo provisional es trabajar un día en el mundo de la publicidad y otro en el académico. Un día museografía y otro coser. Lo provisional es un mes de ir a fiestas todos los días antes de pasar un año enclaustrada. Lo provisional sabe a entrada gourmet de perejil frito y chutney de frutos rojos en una terraza con el mundo a tus pies, antes de meses insípidos de arroz hervido. Lo provisional se lee en la mala ortografía y extraña gramática que ganas cuando olvidas tu idioma. Lo provisional es el concentrado de lo posible.
Lo provisional es la emoción de buscar tu nombre en una lista. Lo provisional es enlistar sin sentido pero con sabor. Lo provisional es deber el teléfono durante meses seguidos, quedarte sin gas. Lo provisional es el color del vestido que te haces para una noche. Lo provisional es que el vestido se deshaga mientras bailas. Lo provisional sabe a un fin de semana en Cholula, a vacaciones no planeadas en Xalapa. Lo provisional huele a París en primavera.
Estoy segura de que hay provisiones inacabables de burbujas... sólo hay que saber cuándo pasar de una a otra.
Lo provisional esta semana, este Martes, me ha regalado la incertidumbre más grande del año, pero la más esperada, la más sabrosa del 2011, "provisional" leí y enloquecí de euforia, de temor, de emoción, de buenaventura.
Fue tan hermoso que yo lo asocio al Miércoles, pues ese día recibí tres regalos inesperados, uno tras de otro.
No lo arruines burbuja, no presiones aquí, aquí no. Déjate llevar. Déjame llevar.
Estoy lista, lo deseo, quiero esta oportunidad.

Nada es eterno, ni el amor, aunque eso parecía cuando Aida y Radamés se prometían la eternidad al morir juntos. La verdad es que, se asfixiaron en la tumba y ya. Pero eso sí, en lo que esperaban la muerte, lo bailado... nadie se los quitó...

2.53 am

0 comentarios y/o opiniones: